La Bisexualidad: una moda?

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La Bisexualidad: una moda?

Mensaje  Neo_Princesa_Serena el Sáb Dic 11, 2010 6:48 pm

Fuente: Articulo,diario - El Mundo

Bisexualidad: una 'moda' de toda la vida

Según algunas teorías, que a alguien le gusten los hombres y las mujeres a la par es tan propio de nuestra especie como el raciocinio o la postura del misionero. Otros, por su parte, defienden la inmovilidad de las fronteras sexuales. Entre ambos, quienes se reconocen como bisexuales suelen vivir sometidos a la incomprensión de la mayoría. Paradójicamente, mientras tanto hay quien lo airea como atributo de genuina modernidad.

Por SILVIA GRIJALBA


En la lista de amantes de la actriz Greta Garbo, alias 'La Divina' (1905-1990), la gélida sueca que derritió todos los corazones allá por los años 20 y 30 del pasado siglo, hubo varias mujeres, entre ellas, la también actriz y 'sex symbol' Marlene Dietrich. Las dos lo disimularon durante mucho tiempo, no por miedo a ser castigadas socialmente, sino porque habían acabado a tortas y no querían hacerse publicidad la una a la otra. Porque, en el fondo, los rumores que corrieron acerca de su imprecisa sexualidad no hicieron más que acrecentar el aura de misterio y el atractivo de ambas. Eran diosas y, ya se sabe, las diosas pueden hacer lo que les plazca.

Ahora, más de un siglo después del nacimiento de la protagonista de 'La dama de las camelias', resulta que la bisexualidad está de moda y se airea como un colchón durante la limpieza de primavera. Como lo oye. Aparece la diosa pop del momento, Lady Gaga, y afirma que le gusta más el sexo con las mujeres que con los hombres. Y en su boca, tal declaración convertida instantáneamente en titular sensacionalista, no apunta al misterio, sino a la superficialidad. Convierte, podríamos decir, una orientación sexual en algo tan prosaico como un conjunto de ropa interior que uno elige en un escaparate por puro capricho.

El caso es que los medios de comunicación y, sobre todo, la prensa del corazón, nos presentan a personajes populares que declaran su bisexualidad de una manera casi estentórea, como si ser bisexual fuera el complemento más in que alguien pudiera lucir esta nueva temporada (y como si acabaran de inventar la pólvora erótica, ay, si la Garbo levantara la cabeza). Pero ése es sólo un extremo del arco, el de los fuegos artificiales, la transgresión que 'mola', la modernidad a costa de lo íntimo. En el otro lado, lo que hay es un montón de gente que no tiene claro qué le sucede y que se siente culpable por desear íntimamente tanto a hombres como a mujeres.

TRAICIÓN 'BI'. Porque la culpabilidad sigue siendo una constante entre los que realmente, y desde el plano más discreto, se consideran bisexuales. Raquel Platero, presidenta de RQTR (Asociación de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales de la Universidad Complutense de Madrid), afirma que los que se identifican con esa opción, los que han vivido en 'tierra de nadie', siempre han sido los más criticados. "La bisexualidad nunca se ha acabado de aceptar, ni por parte de los heterosexuales ni por la de los homosexuales. Determinados sectores de los primeros los han visto como unos simples viciosos o, como homosexuales que no se atrevían a 'salir del armario'. Y en determinados ámbitos de los colectivos de gays, lesbianas y transexuales, también se les ha visto, y se les sigue viendo, como una especie de 'traidores' sin el suficiente valor para asumir su homosexualidad. Tanto personalmente como por parte de nuestro colectivo, no lo consideramos así en absoluto. Nosotros fuimos los primeros en introducir la palabra bisexuales en nuestra denominación. Pero sí es verdad que estamos educados para etiquetar, para clasificarlo todo, y la bisexualidad es incómoda porque se sale de esas clasificaciones".

La gran pregunta, la que indefectiblemente surge al tratar este tema es: ¿somos todos bisexuales en origen, como afirmaba Freud? La mayoría de sexólogos y psicólogos coinciden en afirmar que, básicamente, sí. Ahora bien: hay gente que lo integra como su identidad sexual y otras personas que, de forma puntual, mantienen contactos eróticos con sujetos de su mismo sexo (siendo heterosexual) o del sexo contrario (siendo homosexual) y no se consideran bi. En nuestro país, según el último estudio sobre 'Salud y hábitos sexuales' realizado por el INE (Instituto Nacional de Estadística) y el Ministerio de Sanidad y Consumo, alrededor del 3% de los ciudadanos (2,7% ellas, 3,9% ellos) reconoce haber mantenido relaciones gays alguna vez en su vida (en el 1,1% de los hombres, las relaciones sexuales han sido exclusivamente gays). Pero es evidente que, de todos nuestros tabúes, el del sexo es el que más nos somete todavía hoy, por lo que conviene ser muy cauto a la hora de considerar tales resultados.

El biólogo y psicólogo Alfred Kinsey fue uno de los primeros en abordar la bisexualidad de una manera científica. En su libro 'Conducta sexual en el hombre' (1948) incluía una tabla para determinar la orientación sexual del individuo a lo largo de su vida. Las puntuaciones iban desde cero para una orientación totalmente heterosexual a un siete para una homosexual. En su tiempo, ese volumen, de 800 páginas, un lenguaje netamente científico y un montón de gráficos y estadísticas, se convirtió en un 'best seller'; en tres meses vendió 200.000 ejemplares.

En palabras de Elisabeth Badinter (XY. 'La identidad masculina'. Alianza Editorial) lo que hace Kinsey es poner en evidencia, a partir del 'continuum' hetero-homosexual, "el fluir de los deseos sexuales". Posteriormente, un informe de Shere Hite basado en 7.000 encuestas desvelaría que el 43% de los hombres reconocía haber mantenido relaciones sexuales de algún tipo con otro chico, al margen de su posterior comportamiento sexual en la vida adulta.

Los psicólogos y sexólogos actuales utilizan frecuentemente la escala del ya fallecido psiquiatra Fritz Klein, uno de los pocos médicos que se han especializado en el estudio de la bisexualidad, autor de un libro esencial para entenderla, 'The Bisexual Option' (la opción bisexual), además de ser el promotor de la organización 'The Bisexual Foundation'. La escala de Klein, publicada en 1978, es mucho más completa que la de Kinsey, porque no sólo se refiere a prácticas eróticas, sino también a fantasías, atracciones, preferencias emocionales y sociales, estilo de vida, autodescripción... y establece un análisis completo y realmente complejo, más acorde con la realidad de la sexualidad humana.

DUDAS RAZONABLES. Evidentemente, no todo el mundo está de acuerdo en esa presunta naturaleza bisexual de los humanos. Un estudio de 2005 realizado por psicólogos de las universidades de Chicago (EEUU) y Toronto (Canadá) rebatía la idea de que, al menos los hombres, tienen pulsiones bisexuales reales, fisiológicas, medibles. El estudio midió el nivel de excitación genital de un grupo de varones al ser expuestos a imágenes de hombres y de mujeres, de forma alternativa. En el experimento, ninguno estableció el mismo grado de excitación al ver a un varón que a una fémina; todos ellos se inclinaron claramente hacia uno de los dos sexos.

Según el mismo estudio, la mayor parte de los hombres que se declaró bisexual se excitaron más con las imágenes de varones que con las de mujeres. Los que defienden la validez de este trabajo afirman que, hasta ahora, el estudio de la orientación sexual se había basado casi exclusivamente en trabajos que recogían declaraciones de individuos y no sus reacciones fisiológicas y éste sí las atiende.

Eso sí, como argumentan muchos de los detractores de la investigación, lo cierto es que el sexo y el deseo no se reducen a la genitalidad, y la sexualidad suele ser más compleja y cambiante. Y, alertaron en su momento algunos psicólogos, incluido el propio Klein, interpretar al pie de la letra los resultados de este estudio podía llevar a los terapeutas a cometer errores de bulto como tratar de convencer a sus pacientes de que lo suyo eran sólo fantasías o, en el otro extremo, de que en realidad lo que les ocurría es que eran homosexuales.

La bisexualidad es, a todas luces, la cuenta pendiente de la tolerancia a las distintas opciones sexuales. Tat Escobar, copropietaria del 'sex shop' La Juguetería, e impulsora de iniciativas como La Universidad del Sexo o el Festival de Cine Erótico de Madrid, reconoce que la bisexualidad vive aún muy oculta. Según comenta, "los bisexuales están muy solos. No tienen una comunidad donde integrarse, ni bares donde encontrarse, ni signos visibles que los identifiquen... Por no haber, no hay ni películas porno para ellos, y mira que dentro de la pornografía hay especialidades para todos los gustos... Hoy se puede ver una escena de sexo en grupo o una lésbica, pero siembre en el contexto del porno heterosexual para hombres. Empieza a haber también visiones más modernas, como la de Erika Lust en su película 'Cinco historias para ellas' o en 'The Biapple' de Audacia Ray, pero aún queda mucho por hacer. Quizá el cine el porno para bisexuales sea el siguiente paso".

Jorge C. da fe de que así es, de que queda mucho camino por andar. Este madrileño de 26 años se declara hoy bisexual, pero reconoce que le costó mucho tiempo aceptarlo. "Y eso que tuve bastante suerte", explica. "Mi familia era muy progresista y cuando a los 16 años les dije que creía que era gay porque me había enamorado de un chico de mi clase, se lo tomaron bien. Hombre, yo creo que hubieran preferido que fuera 'hetero', pero no fue un drama, y tampoco en mi entorno. En el colegio hubo un poco de cachondeo, pero como carecía de pluma, había tenido varias novias y mi círculo de amigos era bastante sólido, pues supongo que no se atrevieron a cebarse conmigo. A partir de ahí, empecé a frecuentar los bares de Chueca y a introducirme cada vez más en el 'ambiente'. El problema llegó cuando empecé a darme cuenta de que cuando salía con mis amigos 'hetero' e íbamos a una discoteca, había chicas que me atraían, a quienes les hubiera entrado tranquilamente, pero me cortaba, me parecía que eso no podía estar bien. Hasta que un día me harté, me enrollé con una y me gustó. Mucho. A partir de ahí empecé a tener más problemas que antes. Mis amigos 'hetero' no entendían nada y las chicas, menos, ya no se comportaban conmigo como con el 'amigo gay' que era antes. Pero eso no fue nada comparado con lo que me ocurrió con algunos de mis amigos del ambiente gay. Los más jóvenes no, pero los mayores de 40 años empezaron a decirme que yo no quería aceptar mi homosexualidad, que en el fondo era un conservador... Y en mi familia, igual. Todavía hoy, mi padre no acaba de entenderlo, le parece que lo que pasa es que soy un vicioso, una especie de adicto al sexo. Poco a poco, la cosa se ha ido suavizando, porque han visto que no es así, pero, desde luego, noto una incomprensión mucho más grande que cuando dije que era homosexual".

El psicólogo y sexólogo Roberto Sanz, miembro de la Fundación Sexpol, reconoce que, efectivamente, la bisexualidad es más difícil de aceptar por parte de la sociedad, incluso que la homosexualidad, y como Tat o Raquel Platero, considera que es el siguiente paso a dar.

"Digamos que la bisexualidad es lo 'diferente' dentro de lo diferente, el más difícil todavía. Estamos educados para movernos dentro de categorías, por eso no acaba de aceptarse ni por el colectivo gay ni por el de los heterosexuales. Es cierto que mucha gente al oír bisexualidad piensa en gente que practica el intercambio de parejas, en una especie de adictos al sexo a quienes les da lo mismo una cosa que otra. Ésa es una rémora que deberíamos erradicar", explica.

Frente a los datos oficiales, Sanz afirma que alrededor de un 80% de la población ha tenido alguna vez, o bien una relación genital con alguien del sexo contrario al que suele gustarle normalmente, o una relación sensual, íntima o relacionada con el deseo hacia alguien del mismo género. Claro que una cosa es tener una pulsión bisexual y otra, identificarse uno mismo como bisexual. Sandra B, de 52 años, reconoce que tardó mucho en darse cuenta: "Yo había tenido algún escarceo adolescente con alguna amiga. Pero eso lo dejé de lado y sólo tuve novios. Me casé, tuve dos hijas y después de 15 años de matrimonio, empecé a tontear con una compañera del trabajo que era lesbiana y no paraba de tirarme 'los tejos'. Aquello acabó en ruptura con mi marido y en irme a vivir con ella. Al principio, yo estaba hecha un lío, convencida de que era lesbiana, pero cuando reflexioné, me di cuenta de que no, de que los hombres me seguían atrayendo. Estaba claro: era bisexual. Tardé tres años en darme cuenta y cuando se lo dije a Toñi, mi pareja, no se lo tomó muy bien. Empezó a sentir celos cada vez que yo hablaba con un hombre. De las chicas no era celosa, pero de ellos sí. Eso acabó con nuestra relación. Ahora estoy con otra chica, que lo lleva perfectamente. Pero el proceso fue muy complicado".

Roberto Sanz explica que, efectivamente, el problema de los celos es uno de los asuntos que se presentan a menudo en las parejas bisexuales, uno de sus puntos más frágiles: "Nosotros intentamos explicar que ese tipo de celos tienen la misma raíz que todos los demás, es decir: la inseguridad. Cuando la pareja es bisexual, se puede exacerbar la competitividad en el plano sexual. Por ejemplo, la mujer piensa que no le puede dar a su pareja femenina todo lo que un hombre le daría, o viceversa. Nosotros les explicamos que no, que no se trata de un asunto genital, que somos personas y que da igual lo que uno tenga o deje de tener... Pero sí, es un problema que se da a menudo", relata el experto.

En cualquier caso, y dejando a un lado el asunto de si la bisexualidad está de moda por esto o por aquello, sí que es cierto que el hecho de que se hable tanto de ella está contribuyendo a que deje de ser un tabú y a animar a algunas personas que viven esta opción sexual a salir de su peculiar 'armario de dos puertas'. Tat Escobar observa estos cambios de la sociedad en primera fila, desde el mostrador de su 'sex shop'. Allí, casi más que en la consulta del terapeuta, la gente deja al descubierto sus deseos más íntimos. Como ella misma explica, "en La Juguetería estamos viendo que cada vez hay más gente que declara abiertamente que mantiene relaciones bisexuales. En muchos casos lo comentan como una opción, como algo puntual, no como su identidad sexual, pero sí hay más apertura al respecto".

El terapeuta Roberto Sanz reconoce que en su consulta también se nota la diferencia entre la gente más joven y la que pasa de los 40 años, y que también hay una diferencia entre las mujeres y los hombres. "Es cierto que las mujeres tienen menos problemas a la hora de plantearse la bisexualidad; los hombres sienten un rechazo visceral a tocarse, a tener una conexión sensual con los de su propio sexo que, por educación, se les ha prohibido. En cambio las mujeres tienen eso más asumido y siempre han gozado de una relación más cercana entre ellas, lo cual facilita mucho las cosas", explica.

¿ALGO ESTÁ CAMBIANDO? Sin ir tan lejos, sí que se percibe claramente una progresiva 'relajación de la tensión viril' que, a lo largo de muchos siglos, ha mantenido al varón alejado de cualquier signo siquiera remotamente relacionado con la pulsión sexual. Por ejemplo, la exploración de la vía anal, hasta hace poco tiempo 'cosa de maricones', es hoy aceptada con normalidad por numerosos varones 'hetero'. Como ilustra Tat Escobar, "aunque esto no tenga que ver con la bisexualidad, porque a menudo se trata de parejas heterosexuales que simplemente juegan a un momentáneo cambio de roles, es cierto que cada vez son más quienes compran dildos para la estimulación de la próstata, algo en otro tiempo impensable". El ya clásico 'Informe Durex' revela, sin embargo, que homosexuales y bisexuales utilizan juguetes eróticos y vibradores en mayor medida que los 'hetero'.

De todas formas, Roberto Sanz tiene serias dudas sobre la influencia real que estas tendencias tengan sobre un posible cambio de mentalidad de la sociedad: "Para que todo cambie, yo creo que lo esencial es que los medios de comunicación traten estos temas con normalidad y, por encima de todo, que la educación sexual sea real, que se expliquen con naturalidad las posibles opciones que uno puede experimentar y que no se limite a una enseñanza casi anatómica, sin más".

DE ANAÏS NIN A RAFAEL AMARGO


Hablamos de que ahora 'está de moda' declarar la bisexualidad, pero lo cierto es que a lo largo de la historia del siglo XX han existido círculos donde la bisexualidad ha estado especialmente presente. Quizá sea porque lo que más trasciende es lo que procede del ambiente artístico (o porque éste es transgresor casi por obligación), pero lo cierto es que personajes clave de la literatura, la música o el cine se han referido abiertamente a esta orientación sexual como propia de su forma de vida. Uno de los casos más representativos ha sido el de Anaïs Nin, básicamente porque narra en sus memorias sus aventuras con Henry Miller (con quien tuvo una tórrida correspondencia que se publicó) y con su mujer, June. En aquel tiempo, los años 30, la libertad sexual en las capas altas de la sociedad era un hecho, previo a la represión de los 40 y los 50. A finales de esta última década, la generación 'beat' recogió el testigo. Varios de sus miembros hablaron abiertamente de su homosexualidad, pero muchos otros se declararon bisexuales. William Burroughs o el matrimonio Bowles (tanto Paul como Jane tuvieron amantes de su mismo sexo en Tánger) son algunos ejemplos. Los 60 y la libertad sexual dio frutos que cristalizaron en movimientos como el 'glam' rock, donde la bisexualidad era casi condición imprescindible. David Bowie o Lou Reed hablaron de ella claramente. Después, el interés por lo ambiguo se difuminó. Los 90 y la primera década del siglo XXI fueron del movimiento gay. Aunque la reina del 'grunge', Courtney Love, y estrellas como Angelina Jolie o Lindsay Lohan, pasando por algunos casos más recientes en España como Miguel Bosé o Rafael Amargo, hayan mantenido viva la llama del sexo a dos bandas y sin complejos.
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